viernes, 16 de diciembre de 2016

13 Malentendido emocinante


10 de diciembre. Wad Medani y el Nilo bajo de agua. Es tiempo de sequía.


Paseo, tomo té, y callejeo viendo los clásicos puestos de comida y talleres de trabajo a pie de calle. Todo muy común en Sudan. 

Después de dos días de ganduleo arranco como de costumbre sin luz y pisando las calles de Wad Medani, siempre rogando que no pille algún trozo de cristal a mi paso. Un riesgo asumido con tal de pedalear fresquito.

La idea era hacer el trayecto hasta Gedaref en dos etapas mas bien cortas. Y así, llegue al primer pueblo que yo creía importante porque figura en los mapas: El Fau. Error... pero bueno, es cosa corriente. resulta que no, que no hay donde dormir. Quedan muchas horas de dia y el lugar es bastante soso. Tomo una coca cola mientras dejo que asimilen la llegada del extraño y pienso que es un coñazo estar parado tanto tiempo mientras muere el dia. Pregunto a un policia del control de carretera por un lugar para dormir, nada. Pregunto a otros cuatro que están sentados y de tertulia; no, aquí no hay hotel, unos kilómetros más adelante, sí. Todo esto cada uno en el idioma que puede, Yo les paso mi traducción al amhárico (no se habla árabe); que no, que no quiero hotel, que además tengo poco dinero... Coño, el tipo entiende que estoy pelado. Mete mano al bolsillo mientras le dice a los otros tres que colaboren. Yo estoy alucinado, lo rechazo, claro, que no, que no quiero dinero, que dije que tengo poco dinero... Nada que no veo que lo entiendan; son de piñón fijo. En esto llega una furgoneta y le pregunto al poli generoso que si va al siguiente pueblo. Pues ya esta montado el tinglado. Se acerca el conductor para presentar sus papeles del transporte. Mi buen policía habla con el, de mi, obviamente, y de pronto le planta el dinero de la colecta en la mano y me veo como "invitado" a subir a la furgoneta para ser transportado. Ya no supe que decir, además, ¿como explicarles que era un mal entendido y negarme a la invitacion cuando aquellos hombres uniformados pusieron tanto empeño en favorecerme?. Reconozco que en medio de la sorpresa sentí una profunda emoción por su acto generoso y no pude por mas que acordarme de los cabrones anteriores con los que me he topado y que siempre intentan engañarte. Hoy era el dia madre de las compensaciones y reconozco que me emocioné profundamente. Los cuatro policías tampoco olvidarán el abrazo que aquel españolito sucio y barbudo les fue dando uno a uno. Me consta que les sorprendió. Que menos que esa muestra de agradecimiento, ¿no?.

Me estaba acercando al siguiente país, así que se encontraba mucho etíope deambulando por las carreteras con una especie de atillo y poco dinero.

La fugoneta bus de viajeros
El conductor va subiendo gente a la furgoneta. Luego yo seria testigo de como paró el vehículo kilómetros antes de antes de llegar al destino y empieza con ellos una negociación brutal sobre lo que han de pagar. Coño, yo veía que aquellos hombres humildes desde la cabeza hasta los dedos del pie, poco podían ofrecer pero la alternativa era bajar de la furgoneta. Solo pude alegrarme de que a mi me llevaba por las pocas libras sudanesas que el policía le había puesto en a mano. No tuvo mas remedio que tragar. 

Y asi apareci en Gedaref un dia antes de lo previsto aun con la sorpresa por todo lo acontecido. Aqui si habia hotel pero aunque hubiese sido mas barato, solo por honradez con mis polis benefactores, no hubiese dormigo pagando.

Pedi permiso al vigilante de una obra y monte mi chiringuito: unos cartones al mas puro estilo de un indigente, y encima el saco de dormir.

Fueron unas horas de charla con este originario de "Niyiria", entiendase Nigeria. De unos setenta años, este hombre llegó en su juventud a Sudan y tiene familia allá, al otro lado de África. Se emocionó al contarlo y sus ojos comenzaron a brillar a traves de los cristales de sus gafas. 




viernes, 9 de diciembre de 2016

12 Me robaron la cámara, no hay fotos

Alshawrab, este es el nombre del día. Es 8 de diciembre.

Viajar como viajo conlleva que cualquier situación es posible en cualquier momento. Es una aventura diaria que no sabes que final tendrá hasta que te has acostado. Y aun así, como en este caso, la sorpresa salta justo al despertarme.

El día 6 Salí de Jartum a las 6:30 de la mañana cuando el sol aun estaba escondido. Jartun es duro de pelar con su trafico y mi trayecto urbano rondó los 8 km, así que puse el GPS y a pisar ciudad. No fue tan fácil a pesar de todo, aquí la gente se acuesta muy temprano porque a las seis y media ya todo el mundo empieza a cenar y recogerse. A las 5 de la mañana mucha gente ya se busca la vida y los motores lo polucionan todo.

Fue un viaje corto, 56 kilómetros en total, una etapita impropia sí, pero apropiada a mi situación física. Ya he perdido la cuenta de los días que llevo lidiando con la diarrea y los problemas estomacales. Pues eso, que estaba sin fuerzas y me paré. Como es habitual al llegar a un lugar  hago las preguntas de rigor, pongo cara de chico enfermo (no me costó trabajo) y acabé pasando un montón de horas tirado en una cama de esas que hay en todos los sitios, en la estación de ferrocarril, fuera del edificio, claro, al lado mismo de las vías y bajo la sombra de un gran árbol. Como es normal se corre la voz y todo el mundo pasa revista al españolito dándole la mano y preguntando “joaryu?”. Si pongo una carpa y cobro entrada me forro. Lo cierto es que fue una tarde muy incómoda de continua visita al retrete con la jarra de agua en la mano. Recuerdo que por aquí es raro el uso de papel higiénico. Ya sabes, con la mano izquierda te limpias y con la derecha comes. Recuerdo que tampoco sirven la comida con tenedor y/o cuchara, solo platos con comida y el pan. Y así hay que apañarse. Aunque yo, mi cucharita y tenedor propio tengo para ocasiones difíciles, jejeje.

Agradecido al empleado de la estación, al día siguiente salgo temprano a la carretera y lleno de picotazos de mosquito por todos los lados visibles de mi piel.

Día 7 de diciembre. Al igual que el día anterior me canso mucho y paro a los sesenta y algo de kilómetros. Es muy temprano, alrededor de la una de la tarde y me quedan muchas horas por delante. La gente está en la calle, los locales no son al estilo cafetería occidental así que llegas, gestionas tus preguntas con más o menos fortuna y cuando ya tienen una solución esperas en la calle a que llegue la noche. Salvo que duermas al raso, algo normal, en cuyo caso ya ni te mueves sitio.

En este caso un hombre del pueblo se acerco a mi acompañado una chica que hablaba algo de ingles. Acabó ofreciéndome una alternativa, se lo agradecí y continué a la sombra de un árbol junto a otras personas locales a la espera de la caída de la noche. Pero la vida, y más en estos viajes pega giros inesperados. La gente se entera de todo y todos saben lo que pasa. A las tres horas de mi llegada aparece un chico muy apañado, muy educado él, y hablándome en  ingles (todo el mundo presume que lo entiendes perfectamente) y me dice que en su casa tiene un buen lugar para mi. Decido acompañarlo. Cierto, la casa es grande y de calidad comparada con el resto. Hay un puñado de amigos suyos de visita. Me explica que su hermana se casa mañana y que esta noche hay una fiesta para familiares y amigos de la familia. Joder, pienso, ya me metí en un lio. Yo no estaba para fiestas, la verdad, mi cuerpo roto y vacío pide cama pero ya acepté y soy incapaz de decirle que no. De todos modos la curiosidad puede conmigo y es una oportunidad única de estar presente en un acontecimiento social  que de otro modo es imposible.

Me llega información: habrá música, baile y poco mas. Llega un grupo con un órgano, cantantes y ritmos electrónicos. En el patio se sitúan sillas de modo estratégico y dos camas. Recuerdo aquí las camas tienen un concepto  y un uso mas amplio que el de servir para dormir. Va llegando la gente, las mujeres todas muy bien arregladas y con trajes clásicos, por aquí la moda occidental no se utiliza habitualmente. En la parte principal del patio se sientan las mujeres y los niños. En la otra esquina los hombres y justo detrás y a los flancos de la orquestilla se arriman toda la panda de gente joven hasta los treinta y pocos, mayormente los amigos de mi anfitrión.

Aquí no se bebe nada, ni se come. La música me sorprende con un ritmo alegre y marchoso; una mezcla de música sudanesa y ritmo que a veces parece que Bob Marley estuviera al micrófono. Las mujeres poco a poco empiezan a salir a pista y danzan muy suavito, con pasos muy cortos, más en un arrastrar de pies que levantándolos del suelo. Muy rítmico, como solo los negros saben hacerlo. Se cierran en un corro mientras se mueven y charlan. Aparece la novia. Momento importante porque es la protagonista y porque es guapísima, esbelta y muy alta. Va envuelta en una túnica verde claro con adornos dorados. Muy elegante. La mujeres de la pista la incorporan al corro y siguen con su danza suave y sinuosa. Una de esas mujeres se mueve con tal sentido del ritmo que mi vista se mantiene fija en sus caderas y en sus pies, No se puede describir; parece sencillo pero no lo es en absoluto.

Los hombres son más sosos, solo algunos se acercan a las mujeres y entran en el corro manteniendo el ritmo de la música durante unos cuantos segundos y se retiran. Y esa es la tónica de la fiesta en general. Los hombres más mayores como que no estuvieran y los jóvenes de broma y jolgorio permanente como corresponde a su edad.

Los intentos para sacar a pista a este que escribe resultaron vanos, claro. La verdad es que yo era en punto discordante de la fiesta aunque todo en mundo lo sabia. No pude ducharme, era el segundo día consecutivo, así que me aseé como pude las partes visibles, me lave la cabeza y me puse un pantalón largo. La camisa tenia mierda a kilos de la carretera y sudor de mi cuerpo pero como era muy clara y había poca luz resulto invisible. Bueno, eso creo.

Se para la música para alegría mía pero resulta que es un descanso. En un apartado los chicos de la orquesta recuperan fuerzas y beben algo de sabor dulzón. Llega el jefe de la casa vistiendo túnica blanca y su hijo me lo presenta: “My father”. Nos damos la mano, unas palabras que entiendo a medias y me fijo que trae con él una escopeta de proporciones que impresionan. Más tarde compruebo el motivo al sorprenderme con trehs tiros atronadores a modo de salva de honor en medio del patio.

Son las diez y media pasada y mis ojos se cierran. No puedo con mi cuerpo. Mi anfitrión lo sabe pero soy muy educado y le digo “Don’t worry”. Se alegra y me dice que en una hora se acaba. Dios, que mal lo pasé. Se marcha todo el mundo menos cuatro o cinco amigos que se quedan a dormir. Traen una bandeja redonda  enorme, la típica en la que sirven la comida en común. Dentro de ella varios platos distintos y pan. Te lavas las manos muy mal, agarras tu pan y participas de la comanda.

Doce treinta de la noche. Me acuesto. Quedo con mi anfitrión a las 7. A las cinco estoy desvelado, a las seis treinta me levanto y monto las alforjas y compruebo que nada queda olvidado. Abro mi bolsa de manillar donde llevo la documentación, el dinero y la cámara de fotos. ¡¡ La cámara…!!, no está la cámara en su sitio. Ha desaparecido. Se lo digo, mi anfitrión me mira incrédulo, piensa que me estoy explicando mal. Sus amigos alucinan, yo no doy crédito… Me pongo en su lugar y lo entiendo. Estás en tu casa en una fiesta muy importante para la familia. Has invitado a familiares, amigos íntimos y gente de confianza. La bicicleta estaba situada en el lugar que me asignaron para dormir,  en una esquina alejada del paso de personas. Y uno de tus conocidos, quizá un amigo le roba a tu invitado. Tremendo.

Día 8 de diciembre. Llegué donde quería, a este pueblo grande llamado Wad Madani. Vine en busca de un hotel para pasar un par de noches y reponer mis fuerzas. Se me hizo larga la etapa a pesar de ser corta. El cabreo y la impotencia me han acompañado todo el tiempo. 

No es igual viajar sin la cámara de fotos, sin su zoom y sin su gran angular. 

Tengo claro que hoy fue el día más perro de todo el viaje y que si tengo un avión a mano me hubiese largado. Estoy a punto de ir a  dormir y ya empiezo a asumirlo con resignación. Lo mejor de todo es que cada mañana amanece de nuevo y hay que seguir adelante.






lunes, 5 de diciembre de 2016

11 ASUAN - DONGOLA (Crónica con fotos)

En Asuán, la importancia del rio Nilo se hace patente en cuanto pisas la ciudad. Tengo pocas fotografías de este lugar. Unas son las del obelisco inacabado que ya subí, y las otras podrían haber sido de un bonito Nubian Museum en el que no permiten sacar fotografías.
Asuan me trae al recuerdo la aburrida espera por el visado para Sudan.




Mi bicicleta va en ese pasillo, en la parte delantera. Salimos de Asuán camino de Abu Simbel. Con estos chicos de Jartum coincidí en el bus. Ellos practican ciclismo. 


Tuvieron un comportamiento conmigo inmejorable, una especie de apadrinamiento total. Al bajar del bus en Wadi Halfa me tomaron bajo su tutela y decidieron que compartiera el alojamiento que tenían reservado. Espero volver a verlos cuando llegue a Jartum. Sigo en contacto con ellos



Viaje en ferry y atraque en Abu Simbel



Lugar cutre y perdido en el desierto donde paré cuando el calor se me hizo insoportable. Los clientes y yo mismo estamos con la torrija por culpa del sol, dejando pasar el tiempo mientras la tele cuenta cualquier cosa.

Un amigo más en el camino. Es frecuente que quieran sacarse una foto conmigo. Supongo que valoran el tipo de viaje, por el esfuerzo, claro.  Aunque les digas que vas a 50 km más adelante ya les parece una locura.


Y ese es mi lugar para pasar esa noche. Imposible el aseo así que a tirarse encima del catre y a intentar dormir vestido. Un techo de cañas, unas paredes de adobe y un suelo de arena, ¿Quién necesita más? 



Es el desierto, si, pero aquí los paisajes y las formas te sorprenden con muchísima frecuencia. Esa roca de ahí, ¿notas que se parece a algún animal?. A mi me lo pareció


Y te preguntas qué hace ahí esa planta en medio de la nada soportando tanto calor. Probablemente sea el producto de una semilla llegada ahí desde algún vehículo


Este Guest House esta en Abri. Un lugar precioso para pernoctar tan pegado al Nilo que desde la ventana se ve a la gente con sus faenas. Por la noche hay poca luz artificial, así que desde el patio puedes contemplar la inmensidad de estrellas del cielo mientras tomas un vasito de te.

El pescador preparando sus redes para pescar carpas en el Nilo. Barcas y gente en la orilla

A lo largo y ancho de Sudan siempre encontraras un lugar donde los fukets estarán esperando con agua que alguien se encarga de ir reponiendo cada poco tiempo.

Suele ser agua turbia por mor del color de la propia tierra, perro potable. Estas vasijas de barro actúan con el mismo efecto físico que un botijo. El agua transpira a través del barro y la brisa la mantiene mas fresca. En el desierto, dar agua a quien la necesite no solo es un acto solidario, podría considerarse una obligación.


A veces uno necesita hacer un breve alto en el camino aunque sea a pleno sol. Se trata de relajarse, evadirse de pensamientos, agobios y tomárselo con el mejor humor posible.


Te sacas una foto mientras corres hacia la cámara, gritas o saltas. Todo un poco loco pero efectivo.

En ocasiones la parada es mas larga, bien sea porque comes algo o, como en este caso, que te encuentras a alguien y os sentís  bien mutuamente de inmediato. Este amigo, un trabajador de a pie en estas montañas, buscador de oro o trabajador a sueldo, vete a saber… lo cierto es que no me dejo pagar el té. Era el momento de alargar ese rato de relax y disfrutarlo.


La falta de calidad de estas imágenes es porque están tomadas con el zoom a una distancia considerable. Tardé unos días en saber que pasaba en esas montañas que discurren a lo largo de mi ruta. Veía a mucha gente, especialmente jóvenes, que se movían en el entorno portando el típico buscador de metales.


Y veía constantemente lugares removidos con montones de tierra acumulada. Mas tarde me enteré de que buscan oro.  




Solo ver las imágenes ya entran sudores. ñ
Esas largas rectas se hacen inacabables a las altísimas temperaturas que hay que soportar. Hay que centrarse mucho mentalmente y pensar en algo agradable. O no pensar, que es otra opción. 


Este es el otro sitio que yo catalogo como cutre y bien que lo es, aunque lo hago mas por darle un calificativo comprensible. Lo cierto es que hacen un servicio a la gente a un módico precio. A mi, el echo de que estuviera allí cuando no contaba con ello, evitó que pasara el trabajo de montar y desmontar mi tienda de campaña. Pero las personas que lo atienden si son criticables por su falta de ganas. Esos catres están necesitados de una reparación. La letrina es de un diseño tan poco practico que tienes que “apuntar” muy bien para no fallar los tiros. 
Dormí en ese espacio al lado de la bicicleta. Esa noche hizo un viento fuerte y tuve que hacer uso del saco de dormir entrada la madrugada.

Se acaba el día y hay que dar gracias.



Algunos creyentes se reúnen y rezan en grupo normalmente dirigidos por uno de los componentes. Siempre hombres, eso si. 
Y amanece, claro, siempre amanece. Antes de que ese sol mordiente asome hay que estar ya en la carretera ganándole todo el tiempo posible al fresco de la mañana.

Dromedarios he visto pocos por el camino pero si una cantidad enorme de burros. Ya pasó también en Egipto.


Me he dado cuenta del gran trabajo que desempeña este animal.


Bajito y fuerte siempre los ves en cualquier parte, ya sea tirando de un carro, o cargando sacos. Siempre con su cabeza gacha y su ritmo cansino salvo cuando al “otro burro”, al dueño, le da por zurrarle fuerte mientras se deja transportar. Será cabronazo; es algo que no soporto.

Y acaba mi recorrido en Dongola, ciudad donde me encuentro.


Leí en algún sitio que es una de las grandes del norte de Sudan. De todos modos he sido incapaz de conseguir un lugar con Wifi para poder colgar las cosas en el blog. Esto de llamar grande a algo tiene definiciones o valoraciones bien distinta para unos y otros. Grande en extensión seguro que lo es, pero no deja de ser un pueblo grande que vive básicamente de la agricultura.



Prueba de ello son los productos y sus vendedores que hoy pude ver mientras visitaba el marcado.

¿Interesa una cama sudanesa?. Ya os digo yo que fuerte es.


Aguanta hasta una pareja de focas pero también garantizo que con ese somier de rejilla metálica  con refuerzos transversales los riñones amanecerán cuadrados. Esto si que es una cama de matrimonio “Pa toa la vida”. La tierra podrá arañarla pero no hay polvo que acabe con ella.

Termino con un especial recuerdo para los jovencísimos chicos que me encuentro a lo largo de la ruta trabajando en cualquiera de todos estos lugares donde hago paradas o me alojo.

Son muchachos generalmente tímidos en el trato, al principio. Yo sigo la táctica de dejar que el interés que les suscito provoque que poco a poco tomen confianza. Normalmente acabo respondiendo a las mismas preguntas y compartiendo una fotografía. Ocurre con mas frecuencia de la que quisiera que no saben leer. Yo les paso el texto al árabe con mi teléfono y se lo enseño. Les causa gracia que podamos entendernos pero a veces resulta que no saben leer y he visto mucha vergüenza en su actitud cuando tenían que reconocerlo. Es curioso, algunos de ellos no leen en su idioma pero hablan un ingles aprendido en el trato con los clientes. Yo quedo impresionado de tanto potencial desperdiciado por las circunstancias.

Tienen un mérito enorme, la verdad, pero me da mucha pena llegar a esta tierra desde  un lugar donde los excesos son tan frecuentes y encontrarme a chicos sin futuro y sin objetivos. Se levantan con el sol, sirven te, café o comidas y se acuestas en cuanto pueden para volver a la maldita rutina cada jornada.

Entre todos hemos convertido este mundo en algo tremendamente injusto. 



10 Jartum

Dos dias de estancia en esta ciudad. Iba a hacer un poco de turismo pero me voy. En realidad es como si me echaran porque entre los tramites burocráticos y la política monetaria de este pais salgo harto y cansado.

Hasta ahora el único banco que atendía la tarjeta Visa era el QNB (Qatar National Bank) pero en Sudan la orden es que ningun cajero automático del pais te de dinero, ni moneda sudanesa ni dolares con esa tarjeta. Eso si, la cosa tiene gracia, quieren los dolares americanos como si fuera pan bendito. En fin, que si viajas a Sudan o cualquiera de los países del entorno te aconsejo traer tu dinerito desde casa. Mejor en dolares porque todo el mundo los adora y en el mercado no oficial puedes cambiarlos duplicando o triplicando el valor de cambio.

Jartum es enorme, y como, no, también un pequeño caos circulatorio. He tenido que ir a la embajada de Etiopia a por el visado. Por cierto, te atienden al momento y sales con el en el pasaporte; muy efectivos. Fui hasta el banco, que esta lejísimos, pero en vez de dinero me traje un buen cabreo. Y esta mañana aun tuve que ir a la sede del Ministerio de Turismo a por otro documento, esta vez se llama "Travel and foto permit", que mejor ni comentarlo. Es decir, te hacen un visado, tardan cuatro dias en dártelo mientras gastas tu dinero en alojamiento. Luego, al entrar en el país has de registrarte en un control policial. Para entonces te has gastado mas de 100 $. Y ahora esto, un permiso para hacer fotografias. Joder, me pregunto como pretenden fomentar la llegada de turistas con tanta burocracia y costes.

Me quedo sin ver el Museo Nacional y El Souq, el mercado mayor de Sudan. A decir verdad he pasado por tantos mercados durante esta estancia aquí y en Egipto que ya poco me llaman la atencion.

Y la guinda del pastel la pone otra vez esa mala politica monetaria. Resulta que Western Union en Sudan no recibe transferencias en dolares americanos ni euros. Eso quiere decir que pierdo muchisimo dinero si uso su propia moneda. Asi que me voy a la carretera de nuevo, alli, al menos peleo contra los elementos de la Naturaleza y contra mis propias fuerzas. Agota mucho má soportar las burocracias y políticas sin sentido.



martes, 29 de noviembre de 2016

9 MEROWE y complejo Babel Barkal


Día 29 de noviembre. No me cabe duda de que este día estuvo protagonizado por un tremendo cansancio. Partí con 90 kilómetros por delante, más o menos como cada día, pero hubo dos protagonistas no habituales en este viaje: el viento en contra y la diarrea. Si a esto añadimos el calor, es sencillo imaginar todo lo mal que lo pasé en esta etapa. Mi destino nunca daba llegado. La jornada la fui llevando con lentitud y mucha paciencia, pedalear ligero por culpa del viento, y descansos frecuentes. Y mucha, mucha agua.


Eso fue todo, aunque aunque también hubo un rato para demostrarle mi cabreo a un tipo que se quiso pasar de listo cobrándome 10 libras por un vasito de té cuando lo habitual son tres. Se guardó el billete y se hacía el loco. Me le quedo mirando, me mira y le pido el cambio. Que no, que es así. Me pongo todo cabreado, le grito, toda la parroquia se entera y el tipo decide devolverme cinco libras. Que no, le digo que me devuelva más, y como niega le vuelvo a gritar, le llamo ladrón, le hago gestos de que luego le va a rezar a Dios sobre una alfombra. Se monta el lío    y un abuelete que no se cuál era su condición en el grupo, le pide mis 10 libras y decide entregármelas; supongo que lo de la referencia a robarme y al rezo lo entendió estupendamente. Personajes como este son los que acaban poniendo en duda la hospitalidad tan pomposamente contada de los pueblos árabes. Seguro que lo son, pero cuando el dinero aparece de por medio se va todo a la mierda. Si recordáis, esto mismo ya lo comenté desde Egipto.

Estoy en un sitio que pone hotel en la entrada.

Patio del alojamiento donde tambien derme gente. el calor lo permite

 Tomé un espacio para mi solo porque la alternativa era un lugar común de cinco literas. Mi cuerpo necesitó descanso y tranquilidad así que aquí estoy acabando el día. Me encuentro muy repuesto del cansancio. He comido, bebido mucha agua y solo he usado la bicicleta para acercarme a ver un complejo arquitectónico cuyas fotografías colgaré en la entrada siguiente.



ENLACE a fotografias del
Complejo arquitectonico GABEL BARKAL y PIRAMIDES

Enlace a Wiki



8 Reencuentro con la policia

27 de noviembre (domingo). Normalmente tengo que mirar el calendario de la para saber en que día vivo. Los viernes me marcan bastante y debo tenerlos muy presentes porque al ser festivo cierra casi todos los negocios y buscar donde comer resulta difícil con bastante frecuencia.  En cambio hoy, que es domingo, aquí es un día corriente y todo absolutamente esta asequible al publico.

De mi jornada de ayer sábado,  y de hoy solo la policía ha puesto un toque distinto a la rutina de carretera, sol y calor. Es la primera vez desde que llegué a Sudan que  tengo un control policial. Al final de una recta apareció un todoterreno plantado al lado de unos obstáculos cruzados en la calzada y anexo, un pedazo de metralleta que quitaba el hipo. Todo fue un poco rutinario aunque el hombre, joven él, que llevaba la voz cantante fue bastante quisquilloso y me hizo un montón de preguntas a través de un intérprete. Vieron los cien sellos del pasaporte y el documento original de registro de entrada al país. Todo correcto, puede usted marcharse… 

Y hacia el final de la jornada otro control policial. Esta vez de vehículos, creo yo. No les di opción a nada porque paré la bici y les pregunté si podría pernoctar allí mismo. Me venia genial el lugar, por kilometraje y porque ellos suponían compañía y seguridad.

Por supuesto, que podía quedarme, todo fue amabilidad y me indicaron un amplio espacio para elegir. 

El sitio tiene árboles así que elegí una sombra increíble. Un guardia amable me ayudo a empujar la bicicleta porque las ruedas se enterraban en la arena. Recuerdo que esto es puro desierto.

Monté la tienda ante la atenta y curiosísima mirada de los policías y de dos no menos curiosos chicos que esperaban algún transporte.

Cursillo de como instalar una tienda
Allí mismo, en una cabaña vieja hecha de cañas, una mujer tiene su negocio donde vende café, té y comida. Debo reconocer que aun siendo poco escrupuloso esta vez lo pasé mal al ver cómo ese mujer cocinaba,  pero especialmente “fregando” los utensilios de comer.

Fukets con agua y cabaña (al fondo) de la "cocinera"

Este dia yo tenía algo de diarrea. La desgracia quiso que me sirvieran un té agelgazante y solo después de tomarlo pude leer en la caja de que e trataba realmente. Huelga decir  que visite la letrina más de lo que hibiese deseado.

Agua tenían en el puesto en abundancia pero utilizaba solo dos cubos, uno para frotar con las manos y el otro para aclarar. Lo siento, procuro no ser muy crítico con estas costumbres tan extendidas por todo el país pero el simple sentido común te dice que puedes recibir cualquier germen, microbio u otra mierda cualquiera de los usuarios anteriores. Y dicho esto, no me  queda mas que admitir que si quiero comer cada día tengo que ser uno mas y actuar en consecuencia. Ya digo que habitualmente no tengo problemas, pero a veces, como ayer,  cierro los ojos y “padentro”. Digo yo que de algo me servirán la tonelada de vacunas que traigo puestas de España, jajaja.

Pues eso, que todos los polis se portaron genial y esta mañana antes de que el sol asomara por el horizonte ya me tenían preparado un cafelito caliente. Desde luego, ellos se lo pasaron pipa viéndome montar y desmontarla tienda de campaña. El mas simpático hasta se atrevió a entrar en ella para probarla. Y probó la bici cargada con todas las alforjas que yo pensaba que se iba al suelo y me dejaba allí tirado.

Esta mañana de domingo tuvo un par de anécdotas ligeramente desagradables. Por primera vez, un crio como de diez años me lanzo tres piedras mientras circulaba por la carretera. Solo él, es cierto, tenía varios otros  niños al lado y ninguno participó. Menos mal porque el muy cabronazo tenia buena puntería. Paré la bici y le metí tales gritos que se entero todo el pueblo. No más allá de un kilometro tres tipos adultos corren hacia mi gritando que parara. La prudencia obliga y nunca lo hago, la verdad, pero esta vez uno de ellos casi me engancha la parte trasera de la bicicleta. Afortunadamente metí un quiebro y un golpe de pedal y pude evadirme. Me pregunto que pasaría si me hace parar. Mejor no lo imagino.

Y llegó la  hora de pernoctar hoy, así que buscando dónde, aparece otro control policial de carretera y vuelta a preguntar. Me han dirigido con gestos a esta gasolinera donde me encuentro y ya tengo asignado camastro dentro de un edificio anexo que nadie usa. Me parece un lugar estupendo y que además evita que pasee trabajo instalando la tienda.

Lo mas agradable del día es haberme encontrado con Ali, un solete de niño de siete añitos. Está vendiendo bolsitas de productos secos a los clientes de la gasolinera.

Ali, vendedor a tiempo parcial de sus productos secos

 Sí, me responde, esta mañana fue al  colegio. Le compro dos bolsas de lo que a él más le guste y le entrego una; me mira sorprendido, sonríe y se la come allí mismo. 







7 SUDAN (Dongola)

25 de noviembre. Después de dos días he vuelto a juntarme  con  el rio Nilo y hoy si podré ducharme y lavar ropa; no siempre es posible el aseo. Esta Guest House de Abri tiene grandes posibilidades y un emplazamiento inmejorable al lado del Nilo.

Estas dos jornadas han sido muy duras por un doble motivo. De una parte está mi perdida de entrenamiento por culpa de lo poco que pude andar en bicicleta por Egipto. Por otro lado, el tremendo calor que hace en este tramo de desierto que hice en dos etapas, de 85 y 90 km respectivamente. A las 12 de la mañana la temperatura era muy elevada, y a las dos de la tarde decidí parar porque mi cuerpo se negaba a permanecer aguantando los 38 grados del momento. 

Eran las cinco de la tarde y casi dormido, mientras esperaba que pasaran esas horas inútiles veía como el termómetro marcaba 35 grados a la sombra. Increíble.

Paré en uno de esos lugares de carretera donde hacen alto gente que trabaja en las cercanías o pequeños transportistas  con problemas de mecánica. Por supuesto que no aparece en los mapas.
Lugar de parada en medio de la nada

Mi dormitorio
Yo pensaba montar  mi tienda de campaña porque no contaba con este lugar. Dicho sea simple y llanamente es un sencillísimo sitio donde tomar un bocado, una coca cola y dormir en un catre simple y sucio por menos de un euro. Nada de ropa de cama, nada de ducha, ni tan siquiera aseo para hacer tus necesidades. La cuestión es sencilla, coges una pañuelo de papel y te alejas hacia el descampado tanto como el pudor te exija.

Mi corta estancia  consistió en tomar un plato del recurrente Ful, que se cocina siempre en cualquier lugar de Sudan y otros países árabes. A partir de ahí el aburrimiento fue total porque no me veía con ganas de hacer nada  salvo estar adormilado en una silla  escapando del calor. Compartí café y un poquito de charla  con un chico que chapurreaba ingles pero tristemente la conversación fue corta y nada interesante dadas nuestras dificultades de comunicación

Mi mejor entretenimiento fue estar muy atento  observando a las personas, todos personas sencillas  tratando de aprender de ellos y de sus costumbres. 

Alrededor de las 6 el sol se pone y oscurece muy rápido. Al no haber comida elaborada me conformé con una tortilla francesa, un té, y me acosté pronto. 

Difícil conciliar el sueño entre el calor tremendo y el  cansancio acumulado. Fuera se oía el ronroneo irritante del motor del generador de corriente eléctrica. El volumen de la tele era muy elevado y algo mas alejado alguien trabaja en el motor de un camión alumbrándose con una lámpara; de vez en cuando intenta arrancar el motor. Unos cuantos clientes se juntan en un rezo antes de irse a dormir. Una de las personas dirige  el acto.

Aquí no hay camas, son unas típicas literas de uso muy extendido por todo el país.

En síntesis, es como un somier con patas solo que la zona sobre la que se descansa no es metálica, esta formada de tiras entrelazadas de goma o similar. Este sistema es utilizado en algunos alojamientos y las usan en patios abiertos o en zonas tapadas por cornisas. Lo normal es que se acompañe de una delgada colchoneta. En este lugar donde me alojé va simple y llámenmele la litera, nada más. Algunos de los clientes se acuestan al raso absoluto y se envuelven en una manta. Uff, solo pensarlo ya me da calor.

27 de noviembre. He llegado a Dongola, una de las ciudades mas importantes del norte de Sudan, Estos dos últimos días recorrí 233 km, una buena distancia que  debo agradecer a la ayuda del viento y a que mi forma física ha mejorado considerablemente.

Sé que el Sahara de Sudan no me abandonará mientras no llegue mas allá de Jartum, por mucho que el Nilo esté cerca. Hasta el momento he rodado mucho desierto, y el algunos casos se ha hecho francamente duro. Por supuesto que el calor sigue siendo enorme y junto a las larguísimas rectas representa un real ataque a mis defensas mentales. Cada día ha sido un verdadero reto, físico de ocho o nueve horas de pedaleo, sí, pero mucho mas psicológico. Moverse solo en un viaje de esta naturaleza requiere de un gran control de la mente.

Esta ultima noche  la pasé de nuevo en medio de la nada. Cargué agua suficiente y tenia pasta para cocinar así que iba con la idea de que fuera cayendo la tarde y plantar la tienda de campaña. De nuevo apareció uno de estos lugares como caído del cielo y aproveché para dormir sobre una de esas hamacas de las que hablaba antes. Eso si, le dije al encargado que pagaba por cenar pero no por dormir así que él aceptó y yo me quedé. 

El sito era lo mismo, muy cutre y muy sucio. Es verdad que estás en medio de un desierto donde solo ves, pisas y respiras arena pero tampoco se molestan lo más mínimo para adecentar o mejorar cualquier instalación que está al servicio de la gente.
Letrina

Podría hablar de como no tienen ducha pero si un espacio dentro de un contenedor para asearse con el agua de un cubo. Yo pensaba que se echaban el agua por encima pero no, el cubo dio para el aseo de dos personas que me precedieron. En fin, que el desierto te condiciona en muchos aspectos pero de las cosas propias uno es responsable o no, limpio o no.

Voy a quedar en Dongola dos noches porque mi cuerpo necesita mucho descanso. No me preocupé demasiado de buscar hotel, caí en el primero que me indicaron y no voy a hablar de como esta porque es una redundancia de todo lo que cuento sobre la falta mas absoluta sobre limpieza y dejadez personal. A ver, me jode ser crítico con estas cosas pero es que piden unos precios absolutamente fuera de lugar para no disponer de una simple pastilla de jabón o una sábana. La verdad es que el tema alojamiento da para escribir un buen libro, gordo donde los haya, pero no merece la pena.


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