martes, 29 de noviembre de 2016

7 SUDAN (Dongola)

25 de noviembre. Después de dos días he vuelto a juntarme  con  el rio Nilo y hoy si podré ducharme y lavar ropa; no siempre es posible el aseo. Esta Guest House de Abri tiene grandes posibilidades y un emplazamiento inmejorable al lado del Nilo.

Estas dos jornadas han sido muy duras por un doble motivo. De una parte está mi perdida de entrenamiento por culpa de lo poco que pude andar en bicicleta por Egipto. Por otro lado, el tremendo calor que hace en este tramo de desierto que hice en dos etapas, de 85 y 90 km respectivamente. A las 12 de la mañana la temperatura era muy elevada, y a las dos de la tarde decidí parar porque mi cuerpo se negaba a permanecer aguantando los 38 grados del momento. 

Eran las cinco de la tarde y casi dormido, mientras esperaba que pasaran esas horas inútiles veía como el termómetro marcaba 35 grados a la sombra. Increíble.

Paré en uno de esos lugares de carretera donde hacen alto gente que trabaja en las cercanías o pequeños transportistas  con problemas de mecánica. Por supuesto que no aparece en los mapas.
Lugar de parada en medio de la nada

Mi dormitorio
Yo pensaba montar  mi tienda de campaña porque no contaba con este lugar. Dicho sea simple y llanamente es un sencillísimo sitio donde tomar un bocado, una coca cola y dormir en un catre simple y sucio por menos de un euro. Nada de ropa de cama, nada de ducha, ni tan siquiera aseo para hacer tus necesidades. La cuestión es sencilla, coges una pañuelo de papel y te alejas hacia el descampado tanto como el pudor te exija.

Mi corta estancia  consistió en tomar un plato del recurrente Ful, que se cocina siempre en cualquier lugar de Sudan y otros países árabes. A partir de ahí el aburrimiento fue total porque no me veía con ganas de hacer nada  salvo estar adormilado en una silla  escapando del calor. Compartí café y un poquito de charla  con un chico que chapurreaba ingles pero tristemente la conversación fue corta y nada interesante dadas nuestras dificultades de comunicación

Mi mejor entretenimiento fue estar muy atento  observando a las personas, todos personas sencillas  tratando de aprender de ellos y de sus costumbres. 

Alrededor de las 6 el sol se pone y oscurece muy rápido. Al no haber comida elaborada me conformé con una tortilla francesa, un té, y me acosté pronto. 

Difícil conciliar el sueño entre el calor tremendo y el  cansancio acumulado. Fuera se oía el ronroneo irritante del motor del generador de corriente eléctrica. El volumen de la tele era muy elevado y algo mas alejado alguien trabaja en el motor de un camión alumbrándose con una lámpara; de vez en cuando intenta arrancar el motor. Unos cuantos clientes se juntan en un rezo antes de irse a dormir. Una de las personas dirige  el acto.

Aquí no hay camas, son unas típicas literas de uso muy extendido por todo el país.

En síntesis, es como un somier con patas solo que la zona sobre la que se descansa no es metálica, esta formada de tiras entrelazadas de goma o similar. Este sistema es utilizado en algunos alojamientos y las usan en patios abiertos o en zonas tapadas por cornisas. Lo normal es que se acompañe de una delgada colchoneta. En este lugar donde me alojé va simple y llámenmele la litera, nada más. Algunos de los clientes se acuestan al raso absoluto y se envuelven en una manta. Uff, solo pensarlo ya me da calor.

27 de noviembre. He llegado a Dongola, una de las ciudades mas importantes del norte de Sudan, Estos dos últimos días recorrí 233 km, una buena distancia que  debo agradecer a la ayuda del viento y a que mi forma física ha mejorado considerablemente.

Sé que el Sahara de Sudan no me abandonará mientras no llegue mas allá de Jartum, por mucho que el Nilo esté cerca. Hasta el momento he rodado mucho desierto, y el algunos casos se ha hecho francamente duro. Por supuesto que el calor sigue siendo enorme y junto a las larguísimas rectas representa un real ataque a mis defensas mentales. Cada día ha sido un verdadero reto, físico de ocho o nueve horas de pedaleo, sí, pero mucho mas psicológico. Moverse solo en un viaje de esta naturaleza requiere de un gran control de la mente.

Esta ultima noche  la pasé de nuevo en medio de la nada. Cargué agua suficiente y tenia pasta para cocinar así que iba con la idea de que fuera cayendo la tarde y plantar la tienda de campaña. De nuevo apareció uno de estos lugares como caído del cielo y aproveché para dormir sobre una de esas hamacas de las que hablaba antes. Eso si, le dije al encargado que pagaba por cenar pero no por dormir así que él aceptó y yo me quedé. 

El sito era lo mismo, muy cutre y muy sucio. Es verdad que estás en medio de un desierto donde solo ves, pisas y respiras arena pero tampoco se molestan lo más mínimo para adecentar o mejorar cualquier instalación que está al servicio de la gente.
Letrina

Podría hablar de como no tienen ducha pero si un espacio dentro de un contenedor para asearse con el agua de un cubo. Yo pensaba que se echaban el agua por encima pero no, el cubo dio para el aseo de dos personas que me precedieron. En fin, que el desierto te condiciona en muchos aspectos pero de las cosas propias uno es responsable o no, limpio o no.

Voy a quedar en Dongola dos noches porque mi cuerpo necesita mucho descanso. No me preocupé demasiado de buscar hotel, caí en el primero que me indicaron y no voy a hablar de como esta porque es una redundancia de todo lo que cuento sobre la falta mas absoluta sobre limpieza y dejadez personal. A ver, me jode ser crítico con estas cosas pero es que piden unos precios absolutamente fuera de lugar para no disponer de una simple pastilla de jabón o una sábana. La verdad es que el tema alojamiento da para escribir un buen libro, gordo donde los haya, pero no merece la pena.


ENLACE a FOTOS (tramo Wadi Halfa a Dongola)




2 comentarios:

  1. Vamos... que apestas ya que no hay quien se te arrime... jajajjajajaj

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  2. Y sal del catre un poquito por las noches... en los desiertos el cielo nocturno es espectacular... y ahora que llega navidad igual ves a la estrella rutilante :)

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